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Las BARferencias de Fortalezas da Fronteira arrancan en Tomiño con una charla sobre expolio arqueológico

El investigador Gorka Martín, de la Universidad del País Vasco inauguró en Carregal el ciclo de BARferencias con una charla sobre detectores, arqueología y protección del patrimonio.

El investigador Gorka Martín, de la Universidad del País Vasco inauguró en Carregal el ciclo de BARferencias con una charla sobre detectores, arqueología y protección del patrimonio.

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Fecha: 08 de Julio de 2026

Fuente: Redacción

El ciclo de BARferencias de Fortalezas da Fronteira arrancó este lunes en el Novo Bar, en Carregal, con una charla del investigador posdoctoral de la Universidad del País Vasco, Gorka Martín Echevarría, centrada en una cuestión clave para la protección del patrimonio arqueológico: el uso de detectores de metales y los daños que provoca su empleo ilegal o sin control científico.

Bajo el título “Detectores e arqueoloxía: o que non se pode facer”, la sesión acercó al público una problemática cada vez más presente en el debate patrimonial. Martín explicó que los detectores de metales pueden ser una herramienta útil dentro de investigaciones arqueológicas rigurosas, pero advirtió de los graves riesgos que generan cuando se utilizan fuera de un procedimiento autorizado, sistemático y documentado.

La conferencia abrió una programación que busca llevar la arqueología, la historia y la memoria de la frontera a espacios próximos y cotidianos, favoreciendo el diálogo entre especialistas, vecindario y personas interesadas en el patrimonio del Baixo Miño.

 

El riesgo del expolio en los yacimientos arqueológicos

 

Durante su intervención, Gorka Martín fue claro al señalar que uno de los grandes peligros para la arqueología a nivel global es el expolio mediante detectores de metales. Esta práctica consiste en la extracción de objetos metálicos en campos, yacimientos o espacios con potencial arqueológico sin autorización ni control científico.

El problema, explicó, no se limita a la desaparición física de una pieza. Cuando un objeto se retira de su lugar sin registro arqueológico, se pierde también la información que lo acompaña. Esa información es fundamental para reconstruir el pasado y comprender cómo se organizaba un espacio, qué actividades se desarrollaban en él y qué relación tenían entre sí los distintos materiales encontrados.

Martín resumió esta idea al advertir de que los detectoristas ilegales, con el expolio de los yacimientos, “arrasan los contextos arqueológicos de la investigación”. Su mensaje puso el foco en una realidad muchas veces desconocida: sacar una pieza del terreno sin metodología puede destruir datos históricos que ya no podrán recuperarse.

 

El valor no está solo en la pieza, sino en su contexto

 

Uno de los aspectos centrales de la charla fue la importancia del contexto arqueológico. El investigador explicó que el valor de un objeto no reside únicamente en su belleza, antigüedad o rareza, sino en el conjunto de información que lo rodea.

Así, una moneda romana encontrada de forma aislada y retirada sin registro pierde buena parte de su capacidad para aportar conocimiento histórico. En cambio, si esa misma moneda aparece documentada dentro de un yacimiento, relacionada con estructuras, materiales no metálicos, otros objetos y una distribución espacial concreta, puede ayudar a interpretar un momento histórico, una actividad humana o una transformación del territorio.

Por este motivo, el uso de detectores de metales sin metodología arqueológica resulta especialmente perjudicial. No registrar con precisión dónde aparece cada pieza, qué materiales la acompañan o cómo se relaciona con el resto del yacimiento rompe la lectura científica del lugar y dificulta una reconstrucción rigurosa del pasado.

 

Detectores de metales: herramienta científica o amenaza para el patrimonio

 

Martín, cuya línea de investigación se centra en la arqueología del conflicto y de los campos de batalla, explicó que los detectores de metales sí pueden tener un papel importante en la investigación arqueológica. La clave está en utilizarlos dentro de un procedimiento controlado, con autorización, planificación, registro sistemático y criterios científicos.

En campos de batalla, por ejemplo, estos dispositivos pueden ayudar a localizar proyectiles, hebillas, botones, restos de armamento u otros elementos metálicos que permiten reconstruir movimientos, posiciones y dinámicas de combate. Pero, para que esa información tenga valor, cada hallazgo debe quedar correctamente documentado.

Durante la conferencia también se abordó el caso de la batalla de Little Bighorn, donde arqueólogos como Douglas Scott emplearon detectores de metales y mapeo GPS para localizar y documentar más de 5.000 artefactos. Este ejemplo permitió mostrar cómo una herramienta polémica puede convertirse en un recurso científico de gran utilidad cuando se usa con rigor.

La diferencia, insistió el investigador, está en el método. Un detector empleado dentro de un proyecto arqueológico puede generar conocimiento. En manos de personas que buscan piezas sin autorización, se convierte en una amenaza para el patrimonio común.

 

Una cuestión social y ética

Además del daño científico, Gorka Martín subrayó la dimensión social y ética del expolio arqueológico. El patrimonio no pertenece a quien encuentra una pieza ni a quien la extrae del terreno. Es un bien común, vinculado a la memoria colectiva y a la historia compartida de una sociedad.

La retirada de materiales sin autorización supone, en la práctica, privatizar un patrimonio que debería ser estudiado, protegido y disfrutado por el conjunto de la ciudadanía. Esta reflexión conectó especialmente con el objetivo de las BARferencias: acercar el conocimiento arqueológico al público y reforzar la conciencia social sobre la necesidad de cuidar los bienes patrimoniales.

En territorios como Tomiño y el Baixo Miño, donde la historia de la frontera, las fortificaciones, los caminos históricos y los restos arqueológicos forman parte de la identidad local, la protección del patrimonio adquiere una relevancia especial.

 

Arqueología y memoria de la frontera en espacios cotidianos

 

Las BARferencias de Fortalezas da Fronteira nacen con la voluntad de sacar la arqueología de los espacios académicos y llevarla a lugares de encuentro vecinal. La elección de un bar como escenario refuerza ese carácter cercano y participativo, facilitando que la historia y el patrimonio se compartan en un ambiente distendido.

El ciclo forma parte de la programación abierta del proyecto arqueológico en torno a As Torres, en San Miguel de Taborda, en Tomiño, integrado en un campo de voluntariado internacional de la Xunta de Galicia. La iniciativa combina investigación, divulgación y participación, poniendo el foco en la memoria de los territorios de frontera y en la importancia de conservar los vestigios que ayudan a entender su pasado.

 

Próximas citas sobre minería romana, fortificaciones y educación patrimonial

 

Tras la charla inaugural de Gorka Martín, el ciclo continuará en los próximos días con nuevas sesiones dedicadas a temas vinculados al territorio. Entre los asuntos previstos figuran la minería romana en el Baixo Miño, la paisaje fortificada de Tui y del valle del Miño, la educación patrimonial y la memoria de los territorios de frontera.

Con esta programación, Fortalezas da Fronteira busca reforzar el vínculo entre investigación y ciudadanía, acercando contenidos especializados a un público amplio y poniendo en valor el patrimonio arqueológico e histórico del entorno.

La primera sesión dejó un mensaje claro: proteger los yacimientos no es solo una tarea de especialistas o administraciones. También depende de la conciencia colectiva y del respeto por un patrimonio que pertenece a todas y todos.

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