Almacenamos o accedemos a información en un dispositivo, tales como cookies, y procesamos datos personales, tales como identificadores únicos e información estándar enviada por un dispositivo, para anuncios y contenido personalizados, medición de anuncios y del contenido e información sobre el público, así como para desarrollar y mejorar productos.
Con su permiso, podemos utilizar datos de localización geográfica precisa e identificación mediante las características de dispositivos. Puede hacer clic para otorgarnos su consentimiento a nosotros para que llevemos a cabo el procesamiento previamente descrito. De forma alternativa, puede acceder a información más detallada y cambiar sus preferencias antes de otorgar o negar su consentimiento. Tenga en cuenta que algún procesamiento de sus datos personales puede no requerir de su consentimiento, pero usted tiene el derecho de rechazar tal procesamiento. Sus preferencias se aplicarán en toda la web. Más información.

Reducir

Entrevista a Hugo Martínez, fundador de Ganadería Os Bravos: cuando viajaba me preguntaban por la carne de rubia galega

Hugo Martínez impulsa en Tomiño una ganadería extensiva que recupera tierras abandonadas, apuesta por la rubia gallega y acerca carne de calidad al consumidor.

Hugo Martínez impulsa en Tomiño una ganadería extensiva que recupera tierras abandonadas, apuesta por la rubia gallega y acerca carne de calidad al consumidor.

Etiquetas del contenido

Fecha: 07 de Abril de 2026

Fuente: Jorge Alonso Daldea (Director Infomiño.com)

Desde el mar hasta los prados de Tomiño, con una importante influencia de países como Irlanda, Uruguay o Francia. La trayectoria de Hugo Martínez Villar refleja una historia de cambio, esfuerzo y visión a largo plazo. El ex patrón de pesca, decidió reinventarse hace dos décadas, cuando tuvo que dejar su vida como marinero, para poner en marcha Ganadería Os Bravos, un proyecto centrado en la cría extensiva de vacuno de carne y en la valorización de razas autóctonas como la rubia gallega. Con una firme apuesta por la sostenibilidad, la calidad y la venta directa, su explotación se ha convertido en un ejemplo de cómo tradición e innovación pueden convivir en el rural gallego. En esta entrevista concedida en exclusiva a Infomiño, Hugo Martínez repasa sus inicios, los retos del sector y el presente de una iniciativa que ha sabido abrirse camino con paciencia, vocación y convicción.

ENTREVISTA

 

¿Cuándo y cómo nació el proyecto de Ganadería Os Bravos?

El proyecto comenzó hace 20 años, cuando empecé con problemas de salud y tuve que retirarme del mar. Mis abuelos tenían tres o cuatro vacas y algunas ovejas. A mi me gustaban los caballos y tenía algunos. En mis viajes de patrón de barco visité Uruguay y tuve mis primeros contactos con la ganadería. En Irlanda también estuve en varias granjas cada vez que llegaba a tierra. Después, cuando me retiré, me preparé, estudié y decidí formar la granja.

 

¿Es un sector en el que ya tenías conocimiento? ¿Crees que para empezar un proyecto así es necesario tener una vocación o un gusto especial por el campo o puede hacerlo alguien por un mero fin económico o empresarial?

Dos años antes de empezar el proyecto me formé académicamente, además de visitar granjas al mismo tiempo. En este negocio, o entras por vocación o es imposible dedicarte a ello. Los márgenes son muy justos, el trabajo es muy duro y si no te gusta es imposible el día a día.

Hugo Martínez impulsa en Tomiño una ganadería extensiva que recupera tierras abandonadas, apuesta por la rubia gallega y acerca carne de calidad al consumidor.

¿Cuál fue el principal reto de los primeros años con la empresa?

La inversión. Si en una empresa se calcula que para encontrar rendimiento son necesarios cinco años, en nuestro caso fue este año cuando lo obtuvimos. Nos hicieron falta 20 años de inversión para tener rendimiento. Los primeros años fueron durísimos, a pesar de que contábamos con mis ahorros de capitán, se acabaron rápido. Todo lo que conseguíamos se invertía y casi no teníamos ingresos. Los ingresos eran para recriar. Invertíamos, comprábamos maquinas… Lo más difícil de empezar de cero es la inversión.

 

¿De cuántas hectáreas y cuantas cabezas de ganado disponéis?

Ahora mismo contamos con entre 100 y 120 unidades de ganado mayor.

 

Gran parte de las fincas que trabajáis son tierras cedidas por vecinos. ¿Cómo se construye esa relación de confianza con la gente de la zona?

Disponemos de alrededor de 100 hectáreas, y el 90 % de ellas son cedidas por los vecinos. A pesar de que antes no vivíamos aquí, es una relación que se consigue por el trabajo diario. Ellos ven cómo tenemos las fincas, cómo las cuidamos, la progresión que conseguimos… Nunca tenemos problemas, y si alguien vuelve a necesitar la finca se le devuelve. Siempre hay alguna que se pierde pero siempre hay gente que nos cede su finca. Ahora solo cogemos algunas fincas, las seleccionamos por tamaño o por situación, pero decidimos cuales coger.

 

Muchas de las parcelas que utilizáis estaban abandonadas. ¿Qué impacto creéis que está teniendo vuestro trabajo en la recuperación del paisaje y en la prevención de incendios?

El 90 % de las fincas que tenemos antes estaban abandonadas. El impacto visual se ve desde los viñedos o  desde val miñor. Es el paisaje mosaico. Se ven los prados sobresaliendo, las parcelas labradas… estéticamente es muy bonito. A nivel incendios hemos logrado un cinturón verde en la parroquia de Estás.

 

 

¿Cómo es un día normal trabajando en una explotación ganadera?

El día a día para nosotros consiste en levantarse temprano, desayunar y luego ya comenzar a revisar los terneros y las vacas. Luego nos ponemos con lo que toque cada día. Se van preparando cierres nuevos, como mucho los animales están tres días en la misma parcela, normalmente los movemos día sí día no.

 

Definís vuestro sistema como un modelo muy basado en el pastoreo. ¿Qué lo diferencia de otras explotaciones de vacuno de carne?

Algo que es diferencial es que nuestros terneros están mamando en el campo hasta que tienen 12, 14 o 15 meses.

 

Apostáis por razas autóctonas como la rubia galega o la ovella galega. ¿Qué valor tienen hoy estas razas para diferenciar un producto en el mercado?

Ya de por sí, la marca Galicia es sinónimo de calidad, pero si lo llevamos concretamente a la rubia galega o la ovella galega estamos hablando de una de las mejores tarjetas de venta a nivel mundial. Una de las razones por las que las elegí es que, cuando viajaba y decía que era gallego, me preguntaban por la carne de rubia galega.

 

Decidisteis apostar desde el principio por la venta directa, estando presentes en Internet, algo innovador en el sector ganadero. ¿Qué os llevó a apostar por la venta directa y por qué era importante controlar también la parte comercial del proyecto?

Hicimos unos cursos para la incorporación y fue por error. La gente aquí se incorporaba en Horta, y digo que fue por error porque en carne es muy complicada la venta directa. Al principio nos dijeron que se hacía de manera simple pero al final tuvimos que hacerlo de otra forma.

Aquí antes venía una familia, te compraba un ternero y después ya lo repartían en sus casas. Cuando nos dimos cuenta de que no era legal abrimos una sala de despiece. La gente venía a buscar la carne aquí. Nos fue bien y fuimos creciendo por el boca a boca hasta llegar al tamaño que queríamos, con el doble de producción. En ese momento decidimos montar la web, siendo los primeros en hacerlo, porque no nos llegaba con el boca a boca. El precio de la carne estaba más bajo de lo que nos valía producir, los clientes de toda la vida nos seguían comprando pero poca cantidad. Nos dimos cuenta de que el mercado estaba cambiando y buscamos tener en valor la carne. La manera fue a través de las redes, para poder llegar a otros sitios y a otro público al que no llegaríamos sino.

 

La digitalización ha tenido un papel importante en vuestra evolución. ¿Qué herramientas o tecnologías os han ayudado más a profesionalizar la granja?

El primer paso importante fue cuando empezamos a ensilar. El segundo fueron los microhilos, y luego cuando empezamos a meternos fuerte en la genética, comenzamos con la inseminación artificial, cuidando cada cruce, hasta que con unas subvenciones de la Xunta hicimos transplantes embrionarios.

Los últimos cambios que tuvimos fueron tecnológicos. Aprovechamos una ayuda de la UE a autónomos y empresas para la digitalización, todos se pusieron a hacer webs pero nosotros ya la teníamos hecha. Nosotros introdujimos collares de seguimiento de GPS y de funciones físicas de los animales. Estos collares detectan los celos, las montas naturales, el principio de cualquier incomodidad o enfermedad para el animal y nos avisan de los partos. Fue a través de Innogando.

Hugo Martínez impulsa en Tomiño una ganadería extensiva que recupera tierras abandonadas, apuesta por la rubia gallega y acerca carne de calidad al consumidor.

Recientemente habéis sido reconocidos como mejor proyecto empresarial del programa SmartPeme+. ¿Qué ha supuesto ese proceso de formación y acompañamiento para la empresa?

Fue un revulsivo. Ya habíamos empezado durante tres años a digitalizar los procesos, cambiar los sistemas de venta, etc. Con el acelerador de empresas fue todo muy intenso, aprendimos todas las disciplinas que necesita una empresa, muy rápido y con un apoyo muy grande del equipo técnico y de otros compañeros. No había competencia, solo colaboración y ayuda. El mejor premio fue conocer a mis compañeros y formadores.

 

¿Cuáles son hoy las principales dificultades para sacar adelante una ganadería extensiva en Galicia?

La principal es la sobre legislación y la burocracia. Hay muchos trámites, muchos sin sentido. El sistema es muy garantista, el de Galicia es el más garantista de España, y el de España es el más garantista de Europa.

He viajado por Francia y por cantidad de sitios y la venta directa se puede hacer en la granja sin casi medidas sanitarias. Aquí te piden las misma medidas sanitarias que a una multinacional como puede ser Coren. Nos vimos abocados a tener que alquilar las instalaciones de otra empresa y no hacer las nuestras, ya que nos pedían casi 300.000 euros. Al igual que con la sanidad pasa con las exigencias de la UE. Se pierde dinero por exigencias de los sillones Santiago, de Madrid… que no entienden el sector, ni la manera de trabajar, ni como funciona el campo.

Si a esto le sumamos la competencia desleal de mercados de fuera -Marruecos, Sudamérica, Nueva Zelanda- no puedes competir. Usan productos que tú no puedes y tienen mano de obra barata porque no cumplen garantías sociales con la gente que tienen contratada. En precio no se puede competir, pero en calidad sí.

 

En vuestro caso habláis mucho de calidad frente a cantidad. ¿Crees que el futuro de la ganadería pasa por ese modelo?

El modelo europeo está claro que sí. Va a haber dos segmentos: la calidad, donde no vamos a tener problemas; y la cantidad, los cebaderos, la carne rápida y todo eso va a acabar viniendo de fuera. Es una pena porque la calidad alimentaria aquí es muy alta, hay mucha exigencia con pruebas, controles, medicamentos, etc. En otros países se pueden usar libremente, y el que paga los platos rotos es el consumidor y su salud.

 

Si un joven estuviera pensando en dedicarse a la ganadería, ¿qué le dirías antes de empezar?

Primero le diría que se forme, y después que se fuera un año o dos a trabajar a una granja para comprobar si le gusta, qué tipo de ganadería le gusta y para que vea qué puede funcionar y qué no.

 

Desde Infomiño, queremos dar las gracias a Hugo por su tiempo, disponibilidad y amabilidad a la hora de realizar esta entrevista.

Otros contenidos relacionados

Contenidos relacionados

Nuevo comentario

Debe estar validado para poder dejar un comentario, puede validarse o registrarse aquí