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Entrevista a Sara Álvarez Rodríguez: de A Guarda a investigar la resistencia a herbicidas en Michigan State University

La investigadora guardesa desarrolla en Estados Unidos su carrera científica estudiando cómo las malas hierbas desarrollan resistencia a los herbicidas y buscando estrategias más eficaces y sostenibles para combatirlas

La investigadora guardesa desarrolla en Estados Unidos su carrera científica estudiando cómo las malas hierbas desarrollan resistencia a los herbicidas y buscando estrategias más eficaces y sostenibles para combatirlas

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Fecha: 30 de Septiembre de 2026

Fuente: Jorge Alonso Daldea(Director Infomiño.com)

Infomiño entrevista en exclusiva a Sara Álvarez Rodríguez, investigadora natural de A Guarda que actualmente trabaja como investigadora posdoctoral en Michigan State University, en Estados Unidos, dentro del laboratorio de Eric Patterson. Tras completar el Grado, el Máster y el Doctorado en la Universidade de Vigo y realizar estancias de investigación en Italia y Estados Unidos, su trayectoria científica la ha llevado a especializarse en Weed Science o Ciencia de las Malas Hierbas.

Actualmente, buena parte de su trabajo se centra en comprender los mecanismos que permiten a determinadas plantas desarrollar resistencia a los herbicidas, con especial atención a la Ambrosia artemisiifolia, una especie que puede causar importantes pérdidas en cultivos como la soja y cuyo polen es también responsable de fuertes alergias estacionales. En esta conversación, Sara repasa su trayectoria desde A Guarda hasta Michigan, explica de forma accesible en qué consiste su investigación y reflexiona sobre la movilidad internacional, las dificultades de la carrera científica y los retos que afronta la agricultura.

1. Sara, eres natural de A Guarda y actualmente trabajas como investigadora posdoctoral en Michigan State University. ¿Cómo resumirías el camino que te ha llevado desde Galicia hasta Estados Unidos?

Pues desde luego no lo resumiría como un camino de rosas. Lo resumiría más bien como un camino lleno de giros inesperados, oportunidades que decidí aprovechar y momentos en los que simplemente tocaba tirar para delante. Cualquiera que trabaje en investigación probablemente se replantee en algún momento si todo el esfuerzo merece la pena, y yo, por supuesto, también pasé por esa etapa. Mirando atrás, creo que fue una combinación de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, saber aprovechar las oportunidades cuando aparecen y, sobre todo, trabajar mucho para demostrar que podía estar ahí. Nunca imaginé que aquel camino me acabaría llevando hasta Michigan, pero aquí estoy!

2. Estudiaste el Grado, el Máster y el Doctorado en la Universidade de Vigo. ¿Cuándo descubriste que querías dedicarte profesionalmente a la investigación?

Pues sinceramente, cuando estaba haciendo el Grado ni siquiera sabía muy bien qué significaba ‘dedicarse profesionalmente a la investigación’. Creo que realmente no lo descubrí hasta que empecé el doctorado, porque durante el Grado y el Máster todavía tienes muchas clases y la experiencia es bastante diferente. Pero sí recuerdo que, hacia el final del Grado, empecé a darme cuenta de que me encantaba estar en el laboratorio, hacer experimentos diferentes y, sobre todo, aprender cosas nuevas constantemente. Además, tuve la suerte de que Adela M. Sánchez Moreiras, que después sería mi supervisora de doctorado, me diera clase de Fisiología Vegetal durante el Grado. Fue entonces cuando empecé a descubrir que realmente me gustaba trabajar con plantas. Hice con ella mi Trabajo de Fin de Grado y, poco a poco empecé a plantearme que la investigación podía ser algo a lo que me gustaría dedicarme.

3. Durante tu doctorado trabajaste con compuestos producidos por las plantas con potencial para desarrollar herbicidas más sostenibles. ¿En qué consistía exactamente esa investigación?

La idea de mi investigación de doctorado era estudiar el potencial de diferentes compuestos naturales producidos por las propias plantas para ver si podían utilizarse como bioherbicidas, es decir, como alternativas más sostenibles a algunos herbicidas convencionales. Puede parecer sencillo, pero encontrar un compuesto que realmente pueda tener una aplicación agrícola es bastante complicado. No basta con que sea capaz de matar una mala hierba: tiene que ser eficaz, relativamente barato, fácil de incorporar a una formulación comercial y, además, tener un impacto ambiental aceptable. En mi doctorado intentaba entender cuál era su modo de acción, es decir, qué parte o proceso de la planta atacaban para conseguir ese efecto fitotóxico.

4. ¿Qué te atrajo de ese campo y por qué decidiste centrar tu carrera en el estudio de las malas hierbas y los herbicidas?

Durante el doctorado mi investigación era, por decirlo de alguna manera, la primera parte de la cadena: estudiábamos compuestos naturales y cómo afectaban a las plantas, me encantaba, pero no veía tan directamente su aplicación en el campo. Ahora, durante el postdoctorado, todo es mucho más aplicado. Estamos en contacto con agricultores, recibimos muestras de poblaciones que tienen problemas de resistencia y nuestros resultados pueden ayudar a encontrar soluciones para problemas a corto plazo. Y precisamente esa conexión entre la investigación y su aplicación práctica es una de las partes que más me gusta de mi trabajo.

5. Tu investigación ha evolucionado hacia la llamada Weed Science. Para alguien que nunca haya oído hablar de esta disciplina, ¿qué estudia exactamente y por qué es importante?

Weed Science o ‘Ciencia de las malas hierbas’ estudia aquellas plantas que crecen donde no queremos que crezcan, especialmente aquellas que compiten con los cultivos. Aunque pueda parecer simplemente una cuestión de ‘quitar malas hierbas’, detrás hay mucha ciencia: estudiamos cómo crecen, cómo afectan a los cultivos y cómo podemos controlarlas de una forma eficaz y sostenible para evitar pérdidas económicas para los agricultores. En mi caso, me centro especialmente en entender cómo desarrollan resistencia a los herbicidas, es decir, cómo consiguen sobrevivir a tratamientos que antes funcionaban.

6. Actualmente investigas cómo determinadas malas hierbas consiguen sobrevivir a los herbicidas. ¿Cómo desarrolla una planta esa resistencia?

Lo primero que me gusta aclarar es que el herbicida no “crea” la resistencia, sino que simplemente la selecciona. En un campo puede haber millones de plantas y, por pura variabilidad genética, alguna de ellas puede tener de forma natural alguna característica que le permita sobrevivir al tratamiento. Si utilizamos repetidamente el mismo herbicida, las plantas sensibles mueren, mientras que esa planta que ha conseguido sobrevivir produce semillas y transmite esa característica a la siguiente generación. Así, lo que al principio era algo muy poco frecuente puede acabar convirtiéndose en algo habitual en la población. Además, hay diferentes formas de desarrollar resistencia. A veces el herbicida ya no puede unirse correctamente a la proteína sobre la que actúa; en otros casos, la planta puede producir tanta cantidad de esa proteína que el herbicida no consigue bloquearla completamente, y también puede ocurrir que la planta sea capaz de degradar o neutralizar el herbicida antes de que llegue a hacer efecto. Por eso, en nuestra investigación no nos quedamos únicamente en encontrar una mutación concreta. Intentamos entender la historia completa: cómo ha aparecido la resistencia, cómo puede estar extendiéndose y, sobre todo, qué podemos hacer para detectarla y frenarla.

7. ¿Hasta qué punto la resistencia a herbicidas se está convirtiendo en un problema para la agricultura actual?

Yo diría que ya no es un problema del futuro, sino un problema de hoy, y donde más se nota es en el bolsillo del agricultor. Cuando una mala hierba desarrolla resistencia, un herbicida que antes funcionaba deja de ser eficaz y hay que empezar a combinar diferentes herbicidas, utilizar otros tratamientos o incluso recurrir a métodos de control adicionales. Todo eso supone más aplicaciones, más tiempo y, por tanto, mayores costes. Estamos hablando de problemas que afectan a campos de cultivo de hectáreas, y si el control falla, además de perder rendimiento ese año, la planta puede producir miles de semillas que van a complicar todavía más la cosecha del año siguiente. Por eso es tan importante detectar la resistencia cuanto antes y prevenirla, porque siempre va a ser mucho más barato evitar que el problema se extienda que intentar solucionarlo cuando ya está establecido.

8. Trabajas principalmente con Ambrosia artemisiifolia, conocida como ambrosía común. ¿Qué tiene esta planta para que resulte especialmente interesante desde el punto de vista científico? Además de afectar a cultivos como la soja, la ambrosía puede provocar alergias estacionales muy intensas. ¿Qué impacto tiene realmente esta especie tanto en la agricultura como en la salud?

Es una planta especialmente interesante porque tiene un impacto importante tanto en la agricultura como en la salud. En agricultura, puede ser mucho más perjudicial de lo que parece: una planta de ambrosia por metro cuadrado puede reducir hasta un 18% el rendimiento de la soja, lo que se traduce en grandes pérdidas económicas para los agricultores. Y luego está el impacto en la salud. El polen de esta planta es uno de los principales responsables de las alergias estacionales, especialmente durante el final del verano. Así que estamos hablando de una especie que puede provocar pérdidas importantes para los agricultores y, al mismo tiempo, afectar a la calidad de vida de muchas personas.

9. Has comentado que tú misma padeces ahora ese tipo de alergia desde que trabajas con esta planta. ¿Cómo se lleva investigar todos los días una especie que además te provoca síntomas?

Pues la verdad es que no lo llevo nada bien! Al principio no era alérgica, pero haber estado trabajando con ella durante estos años y haber estado expuesta al polen tuvo sus consecuencias. En el día a día intento no acercarme demasiado a mis plantas y, por suerte, mis estudiantes me ayudan y se encargan de regarlas. Cuando llega el momento de cosechar los experimentos es un poco más complicado, ahí sí que utilizo mascarilla y guantes y tomo medicación para la alergia, porque si no los síntomas son bastante fuertes, sobre todo la inflamación de los ojos y esa sensación de malestar general tan característica de la llamada hay fever.

10. ¿Cuál es ahora mismo la gran pregunta que intentáis responder en el laboratorio sobre la resistencia de la ambrosía?

Precisamente acabamos de publicar un trabajo sobre esto. Todo empezó en 2023, cuando varios agricultores de Michigan nos contactaron porque tenían problemas para controlar la ambrosía común en sus campos de soja con herbicidas del Grupo 14, los llamados inhibidores de PPO. Recibimos muestras de esas poblaciones y conseguimos identificar una mutación en el gen PPO2 que hace que la planta sea resistente a este grupo de herbicidas. Pero ahora viene la siguiente pregunta, ya que hemos encontrado plantas que sobreviven al herbicida y que no tienen esa mutación. El siguiente paso de nuestra investigación es saber que está pasando en estas plantas, intentar descubrir si existen otros mecanismos de resistencia que permitan a la planta degradar o neutralizar el herbicida.

11. Cuando conseguís identificar el mecanismo que permite a una planta sobrevivir a un herbicida, ¿cómo puede trasladarse ese conocimiento al campo y ayudar a los agricultores?

Cuando recibimos una muestra de una población de mala hierba, podemos analizar si presenta resistencia antes de que el agricultor aplique el herbicida. Si detectamos que ese tratamiento no va a funcionar, podemos evitar que lo utilice y recomendar otras alternativas eficaces. De esta forma, no solo ayudamos a controlar mejor la mala hierba, sino que también podemos evitar un tratamiento innecesario y las pérdidas económicas que supondría para el agricultor tener que repetirlo o perder parte del cultivo.

12. ¿El objetivo final pasa por utilizar menos herbicidas, utilizarlos mejor o encontrar nuevas alternativas más sostenibles?

Creo que el objetivo no es simplemente utilizar menos herbicidas, sino utilizarlos mejor y reducir nuestra dependencia de ellos. Además, el contexto es diferente en Europa y en Estados Unidos, y las estrategias de manejo tampoco son exactamente las mismas. En cualquier caso, creo que el futuro pasa por combinar diferentes herramientas: utilizar los herbicidas cuando sean necesarios y de forma adecuada, alternar mecanismos de acción y buscar nuevas alternativas que sean más sostenibles.

13. ¿Cómo es el trabajo diario en un laboratorio como el de Eric Patterson en Michigan State University? ¿Qué parte haces en laboratorio y qué parte en campo o invernadero?

Es un trabajo muy dinámico, cada día hago algo diferente. Durante el día compagino mis propios experimentos e investigación con la supervisión de dos estudiantes de grado y un estudiante de doctorado, así que siempre estoy bastante entretenida. Gran parte de los experimentos empiezan en el invernadero, donde dejamos crecer las plantas y realizamos los tratamientos. Después recogemos el material y pasamos al laboratorio, donde hacemos los análisis moleculares para intentar entender qué está ocurriendo dentro de la planta. Además, también me encargo de bastantes tareas de organización y gestión del laboratorio, así que también podría decir que ejerzo un poco de lab manager del grupo.

14. Antes de incorporarte como investigadora posdoctoral ya habías realizado una estancia de tres meses en Michigan. ¿Fue entonces cuando empezaste a plantearte volver a Estados Unidos?

Sí, en cierto modo fue allí cuando empecé a planteármelo. Yo ya sabía que Michigan State University era una universidad importante, pero cuando llegué aquí me di cuenta de que realmente era una institución muy potente y pionera en el ámbito de la agricultura. Sabía que tenía que volver a España para terminar mi doctorado, pero mientras estaba aquí empecé a moverme y a buscar posibles oportunidades para poder regresar en el futuro como investigadora postdoctoral, ya que cuando estás buscando oportunidades, el hecho de que puedan conocerte y hablar contigo en persona es muy diferente a una reunión por videollamada. Una buena conversación en persona puede abrir muchas puertas. Y fue precisamente así como conocí a mi actual jefe, Eric Patterson, con quien finalmente tuve la oportunidad de volver a Michigan como postdoc.

15. También pasaste siete meses en la Università Statale di Milano. ¿Qué te aportaron esas experiencias internacionales como investigadora y también a nivel personal?

Me aportó muchísimo, tanto a nivel profesional como personal. A nivel científico, fueron siete meses muy bien aprovechados: gracias a esa estancia publiqué tres artículos científicos y el profesor con el que trabajé allí, Fabrizio Araniti, acabó convirtiéndose también en mi cotutor de tesis doctoral. Y a nivel personal, todavía más. Tuve la oportunidad de conocer muchos lugares de Italia, hacer amigos, aprender un nuevo idioma, y también fue allí donde conocí al que hoy es mi marido. Así que, mirando atrás, creo que esos siete meses tuvieron un impacto enorme en mi vida, tanto profesional como personalmente.

16. ¿Hay muchas diferencias entre investigar en una universidad estadounidense y hacerlo en España o Italia?

Pues mira, me gustaría tirar para casa, pero te diría que sí, que hay bastantes diferencias, al menos en mi experiencia. Aquí las infraestructuras y los recursos que tenemos para hacer investigación son muy superiores a los que encontré en las universidades en las que trabajé en España o Italia. Aquí se hace una inversión muy importante en investigación y eso se nota. Al final, cuando tienes más recursos y medios, también puedes plantearte proyectos y experimentos que quizá serían mucho más difíciles de llevar a cabo en otros lugares.

17. En investigación científica se habla mucho de movilidad internacional. ¿Crees que para una investigadora joven sigue siendo casi imprescindible salir fuera para desarrollar su carrera?

Absolutamente. De hecho, en España muchos contratos y programas de investigación, tanto predoctorales como postdoctorales, ya contemplan la posibilidad o incluso la obligación de realizar una estancia en el extranjero, aunque después exista la opción de regresar. En mi caso, después de haber realizado dos estancias internacionales durante el doctorado, tengo que decir que lo recomiendo muchísimo. La investigación no consiste solamente en trabajar en un laboratorio, sino también en crear contactos, conocer a otros investigadores, compartir conocimientos y aprender de formas diferentes de hacer ciencia. Además, es un trabajo muy internacional, en el que constantemente colaboras con personas de distintos países y culturas, por lo que aprender a trabajar con gente diferente, comprender otras perspectivas y salir de tu zona de confort me parece muy importante. Por supuesto, trasladar tu vida a otro país no siempre es fácil y al principio puede dar un poco de vértigo. Pero estas experiencias pueden abrir muchas puertas: desde nuevas colaboraciones científicas y publicaciones con otros grupos hasta oportunidades profesionales en el futuro. Por eso, aunque no creo que exista una única manera de hacer carrera científica, sí pienso que, si tienes la oportunidad, merece mucho la pena pasar al menos una pequeña etapa de tu carrera en otro país.

18. ¿Qué es lo más difícil de construir una carrera científica lejos de casa y qué es lo que más compensa?

Sin duda, lo más difícil son los sacrificios personales que tienes que hacer. Estar tan lejos de tu familia y de tus amigos de toda la vida no es fácil. Hay momentos importantes, tanto buenos como malos, en los que te gustaría poder tenerlos cerca, y aprender a vivir esos momentos a distancia es probablemente la parte más difícil. Pero, al mismo tiempo, compensa ver el orgullo de tu familia cada vez que consigues algo y saber que ellos están felices por ti. Y algo que también me da mucha tranquilidad es saber que, cada vez que vuelvo a casa, A Guarda sigue ahí y muchas cosas siguen igual.

A nivel profesional también supone un reto. Cuando llegué a MSU era la única investigadora postdoctoral del grupo, la única mujer y, en aquel momento, también la única persona internacional, ya que todos mis compañeros eran estadounidenses. Llegar a un entorno completamente nuevo y tener que encontrar tu sitio no siempre es fácil. Al principio tienes ciertos miedos e inseguridades y quieres demostrar que estás preparada y que mereces estar ahí. En mi caso, sentía que tenía que ganarme el respeto de mis compañeros y demostrar mi capacidad como mujer joven en un entorno científico en el que ocupaba una posición de responsabilidad. Afortunadamente, mi experiencia terminó siendo muy positiva! Creo que precisamente superar esas primeras dificultades es también una de las cosas que más te hace crecer, tanto como científica como a nivel personal.

19. ¿Mantienes todavía colaboración o contacto científico con la Universidade de Vigo y con el laboratorio de Adela M. Sánchez Moreiras?

Sí, todavía mantenemos contacto y seguimos teniendo alguna colaboración científica. En investigación muchas veces los proyectos y las publicaciones llevan su tiempo, y todavía tenemos algún trabajo de aquella etapa que está terminando de salir ahora, así que seguimos en contacto por motivos científicos. Pero, más allá de la parte profesional, el vínculo con el grupo de Adela es muy importante a nivel personal. Las personas con las que trabajé durante mi doctorado son como una familia para mí.

20. Mirando atrás, ¿qué importancia tuvo para ti formarte en la Universidade de Vigo antes de dar el salto a centros internacionales?

Estoy muy contenta con mi paso por la Universidade de Vigo y creo que fue una parte muy importante de mi trayectoria. Allí hice toda mi formación y durante el doctorado tuve la suerte de conseguir una beca de la Xunta de Galicia que me permitió dedicarme de lleno a la investigación. También tuve mucha suerte con mi supervisora, Adela. Para mí fue una guía y un ejemplo como mujer investigadora, y tuvo mucho que ver con la científica que soy hoy. Ella también había tenido experiencia trabajando fuera y siempre me animó a hacer estancias en el extranjero, algo que al principio puede dar un poco de miedo, pero que me permitió conocer otros grupos, hacer contactos y descubrir nuevas oportunidades. Creo que, en parte, esas experiencias fueron las que me llevaron hasta donde estoy hoy.

21. Desde A Guarda puede parecer muy lejano trabajar en una universidad estadounidense investigando problemas agrícolas a escala internacional. ¿Alguna vez imaginaste que tu trayectoria acabaría llevándote hasta aquí?

Desde luego que no. Si hace unos años me hubieran dicho que iba a terminar trabajando en una universidad de Estados Unidos, probablemente no me lo habría creído! Pero al final creo que la vida también es eso: aprovechar las oportunidades que van apareciendo, atreverse a salir un poco de tu zona de confort y ver hasta dónde te pueden llevar. Estoy muy contenta con todo lo que he vivido hasta ahora y, aunque estar tan lejos de casa no siempre es fácil, también me ha permitido conocer personas increíbles, lugares y formas de trabajar que de otra manera nunca habría conocido.

22. ¿Crees que es importante que los jóvenes de lugares pequeños como A Guarda vean que también desde aquí se puede llegar a desarrollar una carrera científica internacional?

Por supuesto! Es muy importante que los jóvenes sepan que hay muchas salidas y oportunidades diferentes, y que no hay un único camino que seguir. Para mí es igual de válido quedarse en A Guarda y desarrollar aquí tu carrera que tener la inquietud de salir, conocer otros lugares y buscar oportunidades fuera. Creo que venir de un pueblo pequeño no debería hacerte pensar que tus posibilidades son más limitadas. Al final, lo importante es tener curiosidad, ganas de aprender y atreverse a aprovechar las oportunidades que van apareciendo.

23. ¿Qué le dirías a una estudiante que está empezando una carrera científica y siente que el mundo de la investigación es demasiado difícil o incierto?

Sinceramente? Que tiene toda la razón! La investigación es un mundo bastante incierto, inestable y también muy sacrificado, y creo que es importante no ocultar esa parte. Pero si realmente te gusta la ciencia, también es un trabajo que te puede dar muchísimo a cambio. Es muy dinámico, cada día es diferente y constantemente estás aprendiendo cosas nuevas. Además, te permite seguir formándote durante toda tu carrera, plantearte nuevos retos y ser ambicioso con lo que quieres conseguir. Yo le diría que no tenga miedo a que el camino no esté completamente definido desde el principio. En ciencia muchas veces no sabes exactamente dónde vas a terminar, pero precisamente eso también puede ser una de las partes más bonitas.

24. ¿Estamos abusando de los herbicidas o el problema está más bien en utilizarlos de forma repetitiva sin combinar distintas estrategias de control?

Creo que el problema está sobre todo en depender demasiado de los herbicidas y utilizarlos de forma repetitiva, especialmente cuando utilizamos herbicidas que tienen la misma diana molecular o, dicho de otra manera, que pertenecen al mismo grupo de acción. Estos herbicidas actúan sobre un mismo proceso o una misma proteína de la planta para provocar su muerte, y si utilizamos repetidamente ese mismo mecanismo, puede aparecer la resistencia. Por eso es importante no depender de una única herramienta, sino combinar diferentes mecanismos de acción con otras estrategias de control.

25. ¿Puede llegar un momento en el que determinadas malas hierbas sean resistentes a prácticamente todas las herramientas químicas disponibles?

Sí, y de hecho en algunos lugares ya estamos viendo poblaciones con resistencias a varios grupos de herbicidas al mismo tiempo. En Estados Unidos, por ejemplo, hay poblaciones de Amaranthus palmeri que presentan resistencia a múltiples mecanismos de acción. El problema es que, cuando un herbicida deja de funcionar, tendemos a depender más de los que todavía funcionan, y eso puede acelerar la aparición de nuevas resistencias. Pero que una mala hierba tenga resistencia a muchos herbicidas no significa que sea imposible de controlar. Lo que significa es que ya no podemos depender únicamente de la química. Tenemos que combinar diferentes estrategias, como la rotación de cultivos, cultivos de cobertura, control mecánico o evitar que las plantas produzcan y dispersen semillas. Al final, cuanto más diversificado sea el manejo, más posibilidades tenemos de mantener las herramientas químicas que todavía funcionan.

26. Y para terminar, ¿cuál sería para ti el siguiente gran paso profesional: seguir desarrollando tu carrera en Estados Unidos, regresar a Galicia o dejar que la investigación marque el camino?

Ahora mismo, a corto y medio plazo, veo mi vida aquí en Estados Unidos. La carrera científica en España sigue teniendo bastante inestabilidad y conseguir una posición estable en una universidad no es fácil. Pero también es verdad que todavía estoy descubriendo hacia dónde quiero llevar mi carrera y no tengo tan claro que mi objetivo sea seguir el camino académico tradicional hasta convertirme en profesora o investigadora principal. Cada vez me interesa más la parte de gestión y coordinación de proyectos científicos, y me gustaría seguir desarrollándome en esa dirección, ya sea como project manager, research manager o incluso en puestos de administración y gestión de la investigación. Creo que mi experiencia como investigadora me da una perspectiva muy útil para ese tipo de puestos, porque conozco de primera mano cómo funcionan los proyectos, los equipos y las colaboraciones científicas. Y, por supuesto, la morriña siempre está ahí. Galicia es mi casa y, por mucho que me guste estar fuera y que esté muy contenta con mi vida aquí, como Galicia no hay ninguna. Así que tampoco estoy cerrada a lo que pueda pasar en el futuro. Muchas de las oportunidades que me han llevado hasta aquí aparecieron cuando menos me lo esperaba, así que prefiero no hacer planes demasiado cerrados. Si algún día aparece una buena oportunidad que me permita volver a España o a Europa y estar un poco más cerca de mi familia y de mi tierra, me encantaría aprovecharla!

Desde Infomiño queremos agradecer a Sara Álvarez Rodríguez su tiempo, cercanía y disponibilidad para compartir con nuestros lectores tanto los detalles de su investigación como el recorrido personal y profesional que la ha llevado desde A Guarda hasta Michigan State University. Nuestro agradecimiento especial por acercarnos de una forma divulgativa un campo científico con importantes repercusiones para la agricultura y por mostrar, a través de su propia experiencia, que una trayectoria investigadora internacional también puede comenzar en un pequeño rincón del Baixo Miño. Le deseamos muchos éxitos en los próximos pasos de su carrera profesional.

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